Tras 55 horas de formación, Bajo La Lupa – Laboratorio de Gestión Cultural Comunitaria llegó a su cierre con una jornada de socialización en el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. El encuentro reunió a 18 participantes que culminaron con éxito el proceso de formación y certificación, profesores de los módulos y a la Corporación Fantasía Argentina Tango para compartir aprendizajes, experiencias y lo desarrollado durante el proceso.
Un espacio para compartir lo aprendido
El viernes 4 de septiembre se realizó la jornada de cierre y socialización de Bajo La Lupa – Laboratorio de Gestión Cultural Comunitaria, un proyecto de formación de la Corporación Fantasía Argentina Tango, que inició el viernes 3 de julio y se desarrolló durante los fines de semana hasta completar las 55 horas de formación.
El encuentro permitió hacer un recorrido por los diferentes módulos que hicieron parte del laboratorio. Profesores y participantes conversaron sobre los contenidos abordados durante el proceso, mientras quienes hicieron parte de la formación compartieron cómo esta experiencia aportó a sus proyectos y a su manera de comprender la Gestión Cultural Comunitaria.
Más que una actividad de cierre, la jornada se convirtió en un espacio para reconocer el camino recorrido, recordar algunos de los aprendizajes y escuchar las experiencias de quienes estuvieron presentes durante las diferentes sesiones.
Además de los espacios de formación, Bajo La Lupa contó con diferentes herramientas y estrategias que permitieron acompañar y fortalecer el aprendizaje de los participantes. El proceso incluyó asesorías nivelatorias, la creación de una cartilla como herramienta de consulta y la sistematización de la experiencia a través de relatorías y registros en video. También se realizó una evaluación de cada módulo para recoger los aprendizajes y percepciones de los participantes y aportar a la construcción de la memoria del laboratorio.
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El territorio como punto de partida
Uno de los aspectos que atravesó el proceso fue la importancia de mirar la gestión cultural desde las particularidades de cada territorio y desde las capacidades de quienes desarrollan iniciativas comunitarias.
Karen Vásquez, una de las profesoras del laboratorio y quien estuvo a cargo del primer módulo, destacó precisamente la diversidad de habilidades y formas de gestionar que existen en los territorios:
“Todos gestionamos de manera diferente, tenemos habilidades distintas y siempre vemos cómo podemos mejorar, pero siempre tenemos la mirada en el territorio, cómo puede el territorio vivir mejor”.
Esta mirada permitió entender que no existe una única manera de desarrollar procesos culturales comunitarios. Cada proyecto parte de unas necesidades, unas capacidades y unas realidades particulares, y desde allí se construyen herramientas para fortalecer lo que ya existe y proyectar nuevas posibilidades.
Los módulos que dejaron aprendizajes significativos
Durante la socialización, varios participantes destacaron especialmente los aprendizajes obtenidos en los módulos 1 y 5, por los componentes y herramientas que encontraron allí para fortalecer sus propios procesos.
“Fue muy satisfactorio poder participar, poder contar mi proyecto, que es el Club de Lectura Itinerante de Medellín. Estos espacios de ciudad, aquí en la Comuna 4 – Aranjuez, son muy importantes; nos permiten conocer qué están haciendo otras personas y procesos de diferentes partes. Soy bibliotecóloga y promotora de lectura, y para mí trabajar con músicos, docentes y personas de otros sectores culturales es muy enriquecedor y considero que todo estuvo muy bien organizado para que cualquier persona pueda acercarse a la gestión comunitaria desde su saber, aportar y crear tejidos. Ojalá vengan muchas versiones más”. Comentó Natalia Castro, participante de Bajo la lupa.
La diversidad de experiencias también permitió evidenciar que los contenidos del laboratorio fueron recibidos de distintas maneras por quienes participaron, de acuerdo con sus proyectos, intereses y necesidades.
Sobre la metodología intensiva del taller, María Cecilia Castillo destaca la importancia del módulo inicial: “Fue una especie de ancla donde en un intensivo tuvimos desde revisión de proyectos y estructura hasta el pitch conversacional. Trabajar a contrarreloj te exige al máximo”.
Estas voces serán fundamentales para comprender el impacto del proceso desde quienes lo vivieron directamente y para reconocer que detrás de cada proyecto cultural existen personas que están aprendiendo, creando y buscando nuevas formas de aportar a sus comunidades.
Un micrositio para seguir consultando y compartiendo conocimientos
Como parte de la jornada también se presentó un adelanto del micrositio de Bajo La Lupa, una herramienta que se encuentra actualmente en construcción y que busca facilitar la consulta de información relacionada con los proyectos desarrollados durante el laboratorio.
La propuesta permitirá que los participantes puedan volver a revisar algunos de los contenidos y herramientas trabajadas durante la formación, al tiempo que se proyecta como un espacio de consulta para otras personas interesadas en conocer más sobre la Gestión Cultural Comunitaria.
El micrositio todavía se encuentra en construcción. Una vez finalizado, la Corporación Fantasía Argentina Tango hará público el enlace para que la comunidad pueda navegarlo y acercarse a los contenidos y aprendizajes construidos durante Bajo La Lupa.
Un cierre que también abre nuevos caminos
Entre conversaciones, satisfacción, alegría y momentos para compartir, llegó a su final esta etapa de Bajo La Lupa. Sin embargo, el cierre de las 55 horas de formación representa también el comienzo de nuevos caminos para los proyectos y las personas que hicieron parte del laboratorio.
Desde La Cuarta Estación reconocemos el valor de estos espacios que permiten fortalecer los conocimientos de quienes trabajan por la cultura desde los territorios y que, al mismo tiempo, ponen en el centro las capacidades de las comunidades para imaginar, gestionar y transformar sus propias realidades.
Porque hablar de Gestión Cultural Comunitaria también significa reconocer que cada territorio tiene saberes, personas y procesos capaces de construir nuevas posibilidades cuando se encuentran, comparten conocimientos y trabajan colectivamente.